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100 mejores libros no-Ficción, 23, ‘La Educación de la Mujer’, de Concepción Arenal

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Sí, de la gallega esa que tiene una calle, ¿y porqué?

Concepción Arenal, (Ferrol, 1820 – Vigo, †1893) fue una importante activista social, educadora, intelectual, feminista y escritora española.

Fue la primera mujer abogado española. Estudió en la hoy Universidad Complutense de Madrid, donde al principio y con 21 años asistía a las clases como oyente, vestida de hombre, con el pelo cortado, de levita y sombrero de copa. Descubierta, el rector y un tribunal examinaron sus conocimientos y la permitieron seguir sus estudios, que hizo de 1842 a 1845.

Se jactan franceses e ingleses de sus fuertes mujeres, pero Concepción Arenal, en pleno siglo 19 y en una España oscurantista dio clases -¡vestida de hombre !- a políticos y otras personas, participó en Madrid y en Galicia en tertulias y encuentros políticos y literarios, se opuso a la esclavitud, en la mitad del siglo 19 cuando el gobierno español la mantenía en Cuba y en Filipinas hasta 1897, y luchó por los derechos de la mujer, de los obreros y de los más desfavorecidos.

Fue nombrada Visitadora de Cárceles, y más tarde Inspectora de Cárceles de Mujeres y escribió importantes informes sobre la condición de las prisiones y los derechos humanos de los presos, y de las prisioneras también.

De su obra importante y numerosa, también obra lírica y de ficción, me voy a referir a su importante libro “La educación de la mujer” precursor o defensor del feminismo en una España feroz, de mediados del siglo 19, [Cuatro Guerras civiles en el siglo 19, y dos invasiones francesas hubo ] en fin, imagínense como eran los hombres machos y curas que mandaban.

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La educación de la mujer

Relaciones y diferencias entre la educación de la mujer y la del hombre

Nos fijaremos bien en la diferencia que hay entre educación e instrucción. Un hombre puede ser muy instruido y estar muy mal educado, y estar muy bien educado y no ser muy instruido.

Esto nos indica que si la educación no debe prescindir de la inteligencia, no se dirige exclusivamente a ella, sino a todas las facultades que constituyen el hombre moral y social; a los impulsos perturbadores para contenerlos, a los armónicos para fortificarlos, a la conciencia para el cumplimiento del deber, a la dignidad para reclamar el derecho, a la bondad para que no se apure contra los desventurados.

La educación procura formar el carácter, hacer del sujeto una persona con cualidades esenciales generales, de que no podrá prescindir nunca y necesitará siempre si ha de ser como debe. Al educador del joven no le importa saber si el educando será un día militar o magistrado, ingeniero o albañil; su misión es formar un hombre recto, firme y benévolo, y que lo sea constantemente en la posición social que le depare la suerte o él se conquiste; cualquiera que sea, su firmeza, su rectitud y su benevolencia son indispensables, si ha de conducirse bien, al frente de un regimiento o presidiendo un tribunal.

Si la educación es un medio de perfeccionar moral y socialmente al educando; si contribuye a que cumpla mejor su deber, tenga más dignidad y sea más benévolo; si procura fortalecer cualidades esenciales, generales siempre, aplicables cualquiera que sea la condición y circunstancias de la persona que forma y dignifica; y si la mujer tiene deberes que cumplir, derechos que reclamar, benevolencia que ejercer, nos parece que entre su educación y la del hombre no debe haber diferencias.

(Recordemos que la educación de la mujer en los tiempos de Concepción Arenal, cuando acaso la había, se limitaba a tareas de la casa como cocina, coser, bordar y si a las clases superiores vamos, tocar el piano, cantar y alguna noción de Francés. Y religión, mucha religión eso sobre todo.

Eso resultaba en que muchos solterones empedernidos, al hacerse viejos acaban casándose con su cocinera, total lo mismo daba.)

 

Si alguna diferencia hubiere, no en calidad, sino en cantidad de educación, debiera hacer más completa la de la mujer, porque la necesita más. No entraremos aquí en la cuestión de si tiene inferioridades, pero es evidente que tiene desventajas naturales; y agregando a éstas las sociales, que, aunque no son tantas como eran, son todavía muchas, resulta que, si no ha de sucumbir moralmente bajo el peso de la existencia, si no ha de ir a perderse en la frivolidad, en la esclavitud, en la prostitución, en tanto género de prostituciones como la amenazan y la halagan, necesita mucha virtud, es decir, mucha fuerza, mucho carácter, mucha personalidad. La mujer, para ser persona, ha menester hoy y probablemente siempre (porque hay condiciones naturales que no pueden cambiarse), para tener personalidad, decimos necesita ser más persona que el hombre y una educación que contribuya a que conozca y cumpla su deber, a que conozca y reclame su derecho, a dignificar su existencia y dilatar sus afectos para que traspasen los límites del hogar doméstico, y llame suyos a todos los débiles que piden justicia o imploran consuelo.

[ ¡Nobles y altas palabras ! ]

Es interesante que Concepción Arenal, que ha remarcado la diferencia entre Educación e Instrucción, nada más empezar ese libro que cito, tiene otro llamado,

La instrucción del obrero

La cuestión social, como la llaman, y que, lejos de ser una, son muchas, es en gran parte cuestión pedagógica, porque para las colectividades, como para los individuos, en la manera de ser influye la manera de pensar, y en la de pensar, la de saber.

Se mencionan y discuten diferentes crisis que tienen más o menos influencia en el bienestar del obrero: crisis financiera, crisis monetaria, crisis comercial, crisis industrial; pero no se habla de la crisis intelectual que existe, y es factor poderoso de los problemas sociales.

El ideal de algunas personas, seguramente no bello, es que el trabajador manual no sepa más que trabajar con las manos. Prescindiendo aquí de si eso es bueno o malo, consignaremos que de hecho es imposible, y, por causas cuyos efectos no está en poder de nadie evitar, el obrero sabe algo, tiene algunas ideas, pero no bastantes, y de aquí la crisis intelectual.

La iniciación intelectual del pueblo, hay que repetirlo y recordarlo, es un hecho, bueno o malo, fatal o providencial, pero un hecho de que el pedagogo no puede prescindir. Se dice muchas veces que las muchedumbres se extravían porque tienen malas ideas, y más exacto sería decir que por tener pocas se apartan del buen camino.

El que discurre con pocas ideas es fácilmente avasallado por una; de lo cual resultan deformidades intelectuales algo semejantes a las del cuerpo que tiene una parte excesivamente desarrollada y el resto escuálido y raquítico. En el individuo, decir dominado por una idea fija equivale a decir trastornado; lo mismo acontece en las colectividades cuando el equilibrio intelectual no puede establecerse por falta de los elementos necesarios para formarle.

El ebanista o el ajustador aprenden a trabajar el hierro o la madera con perfección, pero ignoran absolutamente por qué la pieza que sale de sus manos vale más o menos en el mercado; por qué de este precio recibe él una parte mayor o menor, y por qué esa parte es insuficiente o no, según el alquiler de la casa que habita, la baratura o carestía de los artículos que consume y lo moderado o excesivo de los tributos que paga.

Esta ignorancia no es en él absoluta; tiene algunas ideas que, por ser pocas, le inducen a error, no pudiendo suspender el juicio; y no puede porque:

Es natural buscar explicación a las cosas que mortifican y remedio a los males que agobian;

Se abstiene de juzgar de lo que no entiende en astronomía, en mineralogía, y aun en política, que desdeña, pero no puede prescindir de la falta de equidad con que se retribuye su trabajo o se le exige un alquiler excesivo por la inhabitable casa que habita, o una contribución que le abruma;

Porque la falta de competencia la ven los otros, rara vez el que juzga, máxime sobre asuntos que le interesan;

Porque, además del interés, tiene acaso la pasión, que tuerce los fallos y los precipita;

Porque adquirir las ideas necesarias para un juicio exacto exige un esfuerzo penosísimo en quien tiene pocas. ¿En qué se apoya la rutina? En la dificultad de cambiar la manera de ser intelectual del rutinario. No son las novedades lo que aborrece, sino el esfuerzo de la inteligencia necesario para realizarlas, y la prueba es que él mismo dice que todo lo nuevo place y experimenta el placer de la novedad cuando se trata de diversiones, que le gustan más cuanto más variadas, porque no necesita esfuerzo intelectual para disfrutarlas. Hoy el hombre del pueblo es rutinario por la dificultad de razonar las cosas nuevas, y revolucionario por el ansia de realizarlas.

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CONCLUSIÓN

Una verdadera héroe social en una España en efervescencia fue Concepción Arenal una guía luminosa para las mujeres, para el feminismo apenas naciente, para la educación.

Recordemos aquí al por esos tiempos brutal presidente español, ► Cánovas del Castillo, esclavista de los negros en Cuba -le iba dinero suyo en ellos, decía que a los negros había que darles con el látigo, de los obreros españoles pensaba lo mismo- asesino de Rizal en las Filipinas, una bestia corrupia que dijo aquello de que en España no se necesita cultura, lo que se necesita son burros de carga.

Concepción Arenal, abogada, luchaba contra estas barbaries, se merece cien monumentos y calles a su nombre, y tiene monumentos en Madrid y en Montevideo, por cierto.

Merecen sus libros ser leídos, y no sólo por las mujeres, son además cortos ensayos más que gruesos libros, y escritos muy amenos.

DÓNDE CONSEGUIRLOS

En Cervantes virtual se encuentran muchas de sus obras, para leer on-line, y se pueden copiar y construirse un archivo. Hay un portal bien administrado, con su materia.

http://www.cervantesvirtual.com/portales/concepcion_arenal/

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☼ Si se quiere descargar en pdf estos dos libros citados, y otros importantes como La Cuestión Social, o El Pauperismo, recomiendo por lo fácil ir a [ http://www.biblioteca.org.ar ] la Biblioteca Virtual Universal Argentina

BVU

Introducir   Concepción Arenal   en la ventana del buscador y elegir entre los numerosos títulos

 Para saber más

De la escritora feminista inglesa  ►Virginia Woolf, vale la pena leer una obra fundamental de ella y bandera del feminismo -por cierto, bastante después de Concepción Arenal

A Room of One’s Own (1929)

(un cuarto propio) En inglés.

18 Octubre 2016

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