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100 mejores libros no-Ficción, 41 -‘Persona Non Grata, de Jorge Edwards’

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El choque entre un intelectual y diplomático chileno, y Fidel Castro y su régimen, magistralmente contado por el primer encargado de negocios de Chile que envió Allende a la Cuba revolucionaria

Lezama Lima, famoso poeta cubano, a Jorge Edwards nuevo encargado de negocios de Chile en Cuba

— Y usted -dijo-, ¿se ha dado cuenta de lo que pasa aquí?

— Sí, Lezama -le contesté.

— ¿Pero se ha dado cuenta -insistió- de que nos morimos de hambre?

— ¡Sí, Lezama! ¡Me he dado cuenta!

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En Noviembre de 1970,  >Jorge Edwards consejero de la embajada chilena en Lima -puesto delicado, entonces Perú estaba en plena fiebre revolucionaria por el gobierno de los militares- es llamado por el >Presidente Allende y le encarga abrir camino para la embajada de Chile en Cuba.

Allende había ganado las elecciones y encargó a Edwards de esta delicada tarea, no propiamente como embajador sino como encargado de negocios.

Chile no tenía en Cuba ni embajada ni embajador a Jorge Edwards correspondía allanar camino.

El libro de Edwards es el relato magistral y ominoso del conflicto entre una persona liberal, demócrata, abogado, diplomático, llegado desde Chile, un país democrático y de tradición liberal -Chile a veces es llamado con ironía La Inglaterra de Sudamérica– y un violento y energúmeno líder revolucionario, >Fidel Castro, y peor aún, los choques con los sicarios del régimen castrista.

Para poner al lector en situación, [1970 – 1973] pocos años antes ocurre la fallida invasión de los EEUU [1961] derrotados en Bahía de Cochinos, el conflicto de los misiles atómicos rusos en Cuba [1962] – >Crisis de los misiles retirados por Rusia sin preguntarle a Castro, por las dudas que dijera que los dispararan contra New York!- la crisis material y el hambre, el bloqueo de los EEUU a Cuba -hoy en la práctica finalizado, de hecho Cuba come del alimento que le compra barato a los EEUU] el trabajo esclavo en los campos de caña cubanos cuando fracasa la gran cosecha de los 10 millones de toneladas de caña de azúcar -quedaron en cinco millones, y quedaron en la ruina, en este marco llega el diplomático chileno, mientras muchas fuerzas comunistas aventureras buscan guerra y conflicto de Chile con los EEUU, y los solapados ataques economicos y judiciales de los EEUU contra Chile, más efectivos que mil misiles, que acabarán con la posibilidad de una revolución socialista pacífica chilena y por la vía electoral en América [1973].

En este verdadero campo de minas el intelectual chileno se mueve a veces con habilidad, a veces a los ponchazos, conversa con sus amigos escritores cubanos o residentes en Cuba, pelea contra las trabas que le pone el régimen, cuyos sicarios lo espían de mala manera -micrófonos, espías por todas partes, provocaciones, amenazas, sobre todo mentiras y disimulos- se interesa e informa sobre la situación malhadada del ciudadano cubano y eleva informes a su gobierno, informes de los que el régimen comunista pronto se entera y por lo verdaderos, se resienten -por ejemplo sobre la cacareada zafra de los 10 millones de toneladas de caña, informa a Allende que no van a ser ni cinco y que eso es la ruina para un país muy arruinado.

Edwards en un aparte comenta que cuando Castro toma el poder había en Cuba 500.000 macheteros de la caña, la industrialización de esta cosecha fracasa por varios motivos, el principal que no es fácil hacerlo, y que Cuba es un país tercermundista, pobrísimo y muy retrasado, que no producía más que azúcar e importaba de EEUU hasta la pasta de dientes.

Edwards conocía de largo a Fidel -a veces para sorpresa del líder máximo, que al final de la estadía de Edwards se entera que lo había escuchado en Princeton, cuando el famoso viaje de Castro a los EEUU- y tenía larga relación con la revolución cubana, de la que era bastante partidario -eso le costó en su momento un grave distanciamiento con su propio padre- y había sido parte de jurados literarios de Casa de las Américas en Cuba.

Un escritor cubano bastante repelente por lo comunista y por lo fantoche, >Heberto Padilla, simultáneamente adulón del régimen y crítico de los fallos evidentes puso a Jorge Edwards en bastantes dificultades con sus provocaciones, pero formaba parte del grupo de intelectuales cubanos escritores, como Edwards, con quienes normalmente trataba -siempre espiados con mala voluntad y alta tecnología rusa adoptada por los comunistas.

En un hotel de La Habana bastante venido a menos Jorge Edwards monta “la embajada chilena” que consistía en él, su mujer, su máquina de escribir portátil, y un chófer-delator cubano y una empleada-delatora cubana.

Aunque el régimen le prometía un edificio apropiado, esa promesa reiterada nunca se cumplía por la hostilidad de polizontes, que antes eran vendedores de corbatas y ahora tenían la sartén por el mango.

La visita del buque escuela chileno.  El >Esmeralda es el buque escuela chileno, y lo envía Allende como ostentosa forma de romper el bloqueo a Cuba, quizás con la esperanza de que los oficiales y marineros chilenos confraternizen con la Cuba revolucionaria.

Esta visita por lo significativa ocupa un capítulo y más del libro.

En esta visita cumple Edwards un papel principalísimo, como le corresponde por su cargo, y la descripción de shock que los chilenos -oficiales y marinería- se llevaron al ver la reales condiciones de vida en Cuba, sometida a una dictadura policial comunista y sumida en el hambre, el colapso y las carencias totales es un episodio muy importante.

-No, yo no quiero esto para mi país -le dice un oficial chileno, echando chispas por los ojos.

La débil defensa de Edwards del proceso chileno y de la revolución pacífica en Chile es rechazada por el marino, que acaba de llegar de Chile y conoce de primera mano la rápida degradación del país.

Edwards compara estas reacciones de la Marina con lo ocurrido con el Presidente Balmaceda durante la >Guerra Civil chilena de 1891, en que las esperanzas progresistas chilenas fueron aniquiladas por la Gran Bretaña, con astucia y violencia, -Balmaceda trató de romper el monopolio imperialista sobre el salitre chileno, vital para fertilizantes y explosivos: le costó el fracaso, la guerra civil y el suicidio- y teme por el futuro de Chile.

Fidel Castro visita el Esmeralda y se interesa mucho por el barco y la marina chilena -la marina cubana es bastante desastrosa- y aparenta a ratos con Edwards cordialidad o frialdad según se le canta, y termina ostentosamente organizando una comida a la que no invita al intelectual y diplomático, a propósito.

Abierto entonces el camino para la embajada, aunque todavía sin edificio apropiado, y con el cónsul chileno recién llegado al borde de la apoplejía por los malos tratos de los polizontes cubanos, en el marco de la detención de Heberto Padilla (que luego escribió una autocrítica por sus actitudes anti-revolucionarias, y le perdonaron) Edwards va a regresar a Chile, tarea cumplida o por lo menos como el tirano se la dejó cumplir, y tiene un final y casi misterioso encuentro con Fidel (endemientras los sicarios le están revisando el cuarto del hotel…) que esta vez lo trata si no con cordialidad al menos con respeto.

Fidel Castro nunca declaró a Jorge Edwards >Persona non grata!

Es abuso corriente leer por ejemplo en la Wikipedia en inglés y en español el artículo sobre Jorge Edwards, y en muchas otras partes, que el régimen cubano declaró a este diplomático, persona non grata.

Esto nunca ocurrió, y les quedará claro si leen Uds. el Capítulo V y siguientes; Jorge Edwards se va al final de su mandato, como estaba pensado de antemano, no se va expulsado por Fidel, como quieren decir con inquina -cosas muy gordas ha hecho Castro, grandes crímenes también, no es necesario acusarlo de cosas mínimas- porque la declaración de persona non grata es bien precisa en diplomacia, y de ninguna manera iba Fidel a tener un conflicto tan gratuito con el gobierno de Allende.

Una cosa muy diferente es que Edwards no les era grato a los comunistas cubanos, pero eso fue incluso desde antes de ir a Cuba y el escritor y diplomático, para vengarse de las trapalas, intrigas, agresiones, desdenes, persecusión y ofensas que le hicieron tantos cubanos del régimen, titulara con retintín de diplomático su libro, Persona non grata, porque eso es lo que les era a los dictadores, no grato, no querido, y que los que escriben en los papeles, como no leen nada, audazmente se les ocurrió que Fidel lo declaró tal, y como se copian unos a otros, repiten la especie.

Pero yo me he leido el libro, y así dejo constancia.

En este libro el tirano cumple un papel de anti-héroe, su voluntad prepotente, su energía indudable, sus delirios de grandezas y logros ciertos, su liderazgo violento y a menudo asesino, se presenta y transmite en toda su realidad.

El final del libro transcurre en París, a donde han enviado al diplomático como adjunto al poeta Pablo Neruda, embajador chileno en París, al que le conceden el Premio Nobel mientras están ahí, y al mismo tiempo o poco tiempo después, el gobierno de Chile se desmorona, los militares se rebelan, Pinochet mata al Presidente Allende y se hace con el poder, y Jorge Edwards relata estos terribles sucesos desde la embajada en París.

A todo esto, este libro Persona Non Grata, que publica después, fue prohibido, incluso quemado, tanto por los comunistas como por el gobierno de Pinochet, o sea que, noble papel el del intelectual que cuenta lo que ve y como lo vió, para enseñanza y espejo de su generación y generaciones posteriores.

☼ Debo decir que la relectura de este libro tan importante, para escribir esta reseña no basándome sólo en mi memoria y sus fallos, sino en la lectura entera, me ha gustado mucho y me trajo grandes recuerdos: yo en 1971, en 1973, en esos años de plomo, yo vivía en Montevideo, los acontecimientos de Chile que vimos en la TV eran ominosos, luego vivimos los propios.

Recomiendo su lectura, es bastante fácil de encontrar, y muy necesario en estos tiempos de turbación en España, porque si las hordas rojas de los catalanes o los podemitas se creen que en España pueden poner un régimen comunista policial como en Cuba les advierto desde hoy, que irán a la tapia, lean Persona Non Grata, y aprendan.

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PARA SABER MÁS

100 mejores libros no-Ficción, 14, ‘Las Venas Abiertas de América Latina’

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100 mejores libros no-Ficción, 13, ‘Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario’

 

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