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El otro día fui a Oxford y en la biblioteca encontré un libro de Benedetti, El porvenir de mi pasado.
Una deplorable colección de viñetas en que este buen escritor y deplorable ciudadano exhibe toda la rabia de su derrota comunista.

En otro post ya comenté una de él, que había encontrado en Internet y es de esta colección de atrocidades -aquel cuento de un estudiante de arquitectura que roba en casas para mantenerse y comprar un taxi y una viuda burguesa, actuando como una viuda negra araña, lo goza y luego lo mata. La muy desagradecida. Con el buen rato que le había hecho pasar el joven.

Pero esto es de otro cuento, este casi no merece el nombre de cuento.
Reencuentro: O sea que Medardo se reencuentra con cuatro amigos en un café. Pasemos un velo sobre Medardo y tres de ellos. Uno es más interesante a lo que voy.
Juan Pedro, el pianista.
J P supo ser solista, pero los tiempos modernos y el rock lo llevaron a la miseria.
Curiosamente J P dice «al paro» expresión española no usada en Uruguay, salvo como reciente contaminación.
Cuestión que J P acuciado por la necesidad vende su piano «cuyo producto me alcanzó para desenvolverme durante un año, cinco meses y nueve días».

Uds pensarán que siendo uruguayo en Uruguay, con inevitables parientes y amigos y los recursos sociales naturales (mi capital social, que me decía una) se pudo conseguir un empleo y ponerse a trabajar, aunque sea dar clase en Secundaria -yo no soy uruguayo y viviendo en Uruguay lo hice.
Este músico de Benedetti hizo otra cosa
«¿Y luego? Bueno. Me conseguí un carrito bastante presentable y me dediqué a recoger basura en barrios de pro.»

De músico se puso a bichicome, vaya salto que pegó.

Y sin embargo.
Sin embargo debe haber alguna explicación sociológica para que Montevideo tenga 9.000 del carrito juntando basura. Servicio normalmente a cargo del ayuntamiento en los países normales, pero librado a la iniciativa individual y privada en un país comunista como Uruguay, en una ciudad administrada (es un decir) por los comunistas desde hace 18 años.

Un pueblo de gandules indolentes, abúlicos: abúlico viene de bolas -no tienes bolas. Es decir, no tienes cojones para trabajar.
Entre el desdén y la abulia del gobernante corrupto, el abúlico gobernado sigue la línea del menor esfuerzo, creando un ambiente de suciedad, pobreza y degradación.
Degradación con matrícula oficial. Recordemos que están matriculados, hasta querían cobrarles impuestos -la saña comunista no tiene igual.

Sin duda Benedetti bucea profundamente en la psicología de su pueblo: y siempre sale a flote con un sorete en la mano.

Por Armando

3 comentarios en «Benedetti y su bichicome»

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