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Cartas Persianas desde Monty -1

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Usbek el-Guantanamí, al Líder Supremo

Amado Líder, mi Señor, que la Paz del Profeta sea contigo en tu ciudad de Ispahan.

Señor, tras mis injustas prisiones y las torturas sufridas a manos de implacables, despiadados enemigos en la isla tropical, me encuentro exiliado en esta lejana tierra extraña.

Los castigos sufridos, las golpizas y los choques eléctricos me han hecho olvidar mi verdadero nombre y condición, que creo era exaltada pues entre mis pocos recuerdos se cuenta que gocé de vuestro favor y os imploro que si no me dejan regresar o salir de acá -esa me dicen fue la condición de liberación mía y de otros- que al menos ayudéis a mis necesidades pues me encuentro muy desamparado.

Los carceleros sólo me dejaban leer un libro, de uno de nuestros sabios que hace siglos fue a conocer la Europa, son las  Cartas de Persia,  y tal fue la impresión que me causaron que adopté el nombre de aquel sabio viajero -cuyo saber y valer pongo por arriba de mi cabeza- y ahora se me conoce como  Usbek el-Guantanamí,  con el que me apelan mis amigos, y en recuerdo de aquel antro de iniquidad donde sufrí penas injustas.

Cuando llegué a este país desconocido, y a su capital, Monty, me quitaron la capucha que llevaba en el avión y mis ojos se recrearon en un paisaje verde y luminoso, abundante en agua y en ganados.

Creo que os puede ser útil que os cuente de esta República peculiar y tan desconocida.

Espero que estas modestas páginas os sean de utilidad o al menos os entretengan tras vuestras pesadas tareas de responsabilidad abrumadora, y así aceptéis mi pedido y quizás alguna vez romper mi yugo y volver a admitirme entre los vuestros.

Si acaso encontráis mi relato y estilo algo extraño, considerad que estoy iluminado y poseído por el espíritu de aquel Usbek de hace cuatro siglos, cuya alma sentí penetrar en la mía desde las regiones celestiales, e iluminarme aquel día del mes de Ordibehesht, o de la Suprema Virtud, tras sufrir la tortura eléctrica que me hizo perder la memoria y la conciencia de mi alma.

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A los pocos días de llegar acá nos llevaron a conocer en persona a su Supremo Líder, el Ayatol·lah Mujica.

Yo esperaba que nos llevaran a un palacio de mármol y oro, como imaginamos la América, quizás a una alta pirámide de granito, mi decepción fue grande, también grande fue mi entusiasmo al terminar la entrevista.

Cuando entramos a la residencia del Ayatol·lah, era un huerto de flores y una vivienda rústica, cuyo guardián dormitaba en una caseta a la entrada al huerto y no hizo caso de nosotros.

Nos salió a recibir un perro de tres patas, lo que tomé como signo de buen agüero y tras el perro llegó el Ayatol·lah, apartando a puntapiés algunas gallinas.

Vestido de agricultor y calzando rudas alpargatas rotas que dejaban asomar los dedos de los pies -no demasiado limpios me parecieron, pero es normal si estaba cavando- el Ayatol·lah nos estrechó la mano uno por uno.

Viejo, corto de estatura, patizambo, sin ningún signo externo de autoridad -ni turbante cubre sus cabellos desordenados, no luce barba de profeta, ni lleva manto de honor- y vestido así más parecía un bufón de los que abundan en nuestro teatro. Pronto disipó esa primera impresión.

– He notado que las manos de Uds. no tienen callos del trabajo, que su piel es suave y huelen Uds. bien, como quien no ha hecho un día de trabajo en su vida. Yo les digo, que en este país lo que necesitamos es gente de pico y pala y no intelectuales, los que ya tengo me sobran todos.

– El dinero que su gobierno nos da, apenas nos alcanza para vivir, el alquiler y la comida se lo llevan todo, le dijo el joven Osmán el irakí.

– Eso mismo les pasa a todos los uruguayos, le respondió, así que espabilen o se creen que vinieron aquí a ahorrar plata. ¿Los americanos les dijeron que les iban a mandar dólares? Eso les dicen a muchos y Uds. se lo creyeron. Les pidan a su gobierno o a sus familias, ché, este es un país pobre.

– Nos han prohibido de salir de acá. Páguenos el viaje de regreso a nuestros países, oh Ayatol·lah de los Orientales, le dije yo.

– Yo no les prohíbo nada, vayan o se queden a mi me da igual, son Uds. hombres libres y yo no les voy a poner un policía detrás de cada uno. Pero de pagarles nosotros un viaje de turismo, de eso nada, búsquense la vida, pero les advierto si se van de acá sin avisarnos, que hay mucha gente mala por ahí que les puede dar un disgusto, luego irá la familia a llorar al cementerio.

– Es que hemos sufrido torturas y vejaciones, Oh, Líder Supremo, le dije yo con voz entrecortada.

– Capaz que peores las sufrí yo y no lloro tanto y aquí me ven. Mientras estén acá les protegeré, no metan lio acá, si se escapan allá Uds., y si quieren plata trabajen, eso es lo que les digo. Hala, adiós.

Algo conformes con las palabras del Ayatol·lah Mujica, hombre creyente y piadoso me pareció, pues nombró a Alá y a Dios en la misma frase, nos volvimos al modesto hotel o pensión donde nos alojaban.

La bondad de los habitantes de este salvaje país es grande, y la gente nos trajo espontáneamente ropas y calzado -pues los americanos nos enviaron descalzos y vestidos con un mono rojo, esas ropas los uruguayos las quemaron con gran jolgorio, y no quiero decir que no ardiera también alguna bandera odiosa.

Luego nos llevaron invitados a comer, y nos hartaron a comer carne asada de ternero casi lo único que comen, no quisimos beber del vino que ellos consumen en grandes vasos por ser contrario a nuestras costumbres y creencias.

¡Que este mes de Mordad, que significa Muerte, sea el mes de mi vuelta a la vida !

Descansando y escucho la lluvia a las orillas de este enorme río, os envío, Oh Supremo Líder, las expresiones de mi consideración la más distinguida.

En Monty, Usbek el-Guantanamí  .

Yekshanbeh, el 24 de Mordad de 1395   .

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Informe de la Policía Secreta desde La Habana

Esta es la carta interceptada que envió a Ispahan este sospechoso sujeto de los liberados de Guantánamo y que se hace llamar Usbek el Guantanamí.

Escrita originalmente a mano y con tinta, con algún instrumento de escritura desconocido acá, y en Persa, idioma que el Servicio cubano en coordinación con el uruguayo no conocemos, se envió al FBI como siempre, que nos manda la traducción en Inglés, para molestarnos: estos de Yuma dominan el Persa y hacen como que no saben español, y la retraducimos.

No se ha detectado nada cifrado o peligroso.

Estos sujetos no saben nada del Uruguay, mejor y que no aprenda.

* Para los ojos del Sr Ministro del Interior solamente. *

Hasta la victoria siempre.

F. C.

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