
Un esfuerzo más, y que Argentina desaparezca y la dividan en diecinueve paraguays.
Y desaparezca Buenos Aires, esa ciudad maldita por dios y por los hombres.
Ese infierno habitado por seres subhumanos.
Camina por sus calles y piensa: que detrás de esa puerta colgaban jóvenes de ganchos de carnicero. Sus propios hijos.
Piensa: Que en ese galpón jóvenes de mirada bovina, con anillos de goma en sus testículos, de los que se usan para castrar carneros. Se les secaban los huevos y se le caían al suelo.
Piensa que mientras eso pasaba, todos reían, afuera.
A comer carne.
Salvajes.
Todo lo que les pase me parece poco.
Maldita Thatcher que no tuvo lo que tienen que tener los hombres y no les tiró una bomba de hidrógeno y los mató a todos.
Pero hay una justicia, y van camino de matarse entre ellos, esto anuncia males mayores, pronto llegará.