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Una Historieta Personal, en I+D+i

Andanzas y Aventuras en I+D en esta Sinapia

Utis (*) nos cuenta sus aventuras personales en esto, de tanta importancia para el país la I+D+i, y cuyos entretelones son desconocidos.

Agradecemos su aportación, y espero que les sea de utilidad.

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luchando contra la serpiente Pithón

luchando contra la serpiente Pithón

 

Una historieta personal.

Corría el año 2004, trabajando en mantenimiento industrial cuando la fortuna me abrió las puertas de un nuevo trabajo del sueño de mi vida: I+D+i en electrónica, para una empresa que fabricaba equipos electrónicos para el sector alimentario.

Empecé a trabajar con un gerente bastante implicado en el proceso de I+D+i, con las ideas muy claras, y que supervisaba constantemente el desarrollo de los productos según sus criterios.

Bajo su batuta desarrollé mis dos primeros productos comerciales, aprendiendo muchas cosas, puesto que en realidad, el reducido equipo de I+D+i era algo más parecido a un grupo de hombres-orquesta que otra cosa.

Hacíamos desde la especificación preliminar del producto, siguiendo las instrucciones del entonces gerente, hasta la primera tirada de fabricación, el diseño y validación de producto, la homologación, las instrucciones, la industrialización, la formación de l@s operari@s, el seguimiento de las compras para el abastecimiento, etc.

Uno de los aspectos más delicados y complejos es el legal. Para poder vender un producto en Europa, hay que marcarlo con el logo CE, para lo cual además hay que hacer una serie de pruebas para asegurar que cumple con la normativa. Estas pruebas se pueden hacer en un laboratorio particular, quedando pues la documentación a cargo de la misma empresa, o bien se pueden subcontratar a empresas especializadas, que además suelen cubrir más aspectos, como certificaciones de varios tipos, calibraciones, etc.

Se presupone que estas empresas acreditadas, además, están mejor equipadas y tienen conocimientos exhaustivos del tema, la normativa, sistemas, alternativas, soluciones, puesto que es su trabajo.

La mayoría de las normativas que pasaban los equipos que yo diseñaba eran la EN61010 de seguridad, y la EN61000 sobre emisiones electromagnéticas e inmunidad frente a las mismas, si bien había otras.

Dado que la última no es excesivamente compleja y la documentación se produce automáticamente por el equipamiento de laboratorio que algunas empresas tenían, lo subcontratábamos con otra empresa que tenía su propio laboratorio.

La normativa de seguridad, EN61010 la solíamos subcontratar con el Applus, pero dado los múltiples retrasos y problemas que asiduamente asolaban esa empresa, empezamos a subcontratarlo en otras partes, llegando a mandar los equipos a Alemania, donde nos costaban una tercera parte (alrededor de 600€ frente a más de 1800€), y teníamos los resultados en menos de tres meses, frente al año que a veces incluso se llegó a superar en el primer caso.

Pero el exigente gerente se jubiló, dejando paso al jefe de producción, alguien que entendía mucho de cuantos tornillos por hora se montaban, pero ni idea de para qué servían dichos tornillos, ni qué tipo de normativa se tenía que aplicar, ni cuánto tiempo se tardaba en hacer un firmware de microcontrolador para cumplir con un protocolo de comunicaciones.

Bajo la nueva batuta se empezó a desarrollar una familia completamente nueva de productos, una gama bastante amplia que constaba de bastantes productos, variaciones y combinaciones de los mismos, que suponían un volumen de trabajo más grande del habitual.

Además, la estética del producto también iba a ser nueva, y evidentemente, decidida por el gerente, que después de interminables reuniones que terminaban peor que cómo se habían empezado, sólo retrasaban el momento de decidir cómo iba a ser el producto. Sin embargo, la fecha de lanzamiento seguía siendo la misma.

Se llegó al punto en que se tenía que tener todo decidido y empezar ya con la última ronda de mejoras y documentación para la producción en serie, sin tener ni siquiera idea de cómo iban a ser unos prototipos que de momento estaban metidos dentro de cajas de zapatos.

Evidentemente, el retraso debido a la indecisión de la dirección, fue adecuadamente cargado a las culpas de un departamento de ineptos que eran incapaces de construir un Apolo en una hora, con un lápiz y un trozo de chicle.

Por supuesto, eso sirvió de ‘excusa’ para ‘remodelar’ el departamento y poner a un Marqués d’ESADE al frente, amiguito del nuevo jefe de ventas, otro Marqués d’ESADE, que no tenían más idea del producto que se fabricaba que la que puede tener un bebé.

De hecho, el departamento de I+D+i muchas veces tenía que atender las consultas de los clientes sobre cualquier duda tonta, puesto que los comerciales no se habían dignado ni a abrir el catálogo, mucho menos leer manuales, con lo que habitualmente se vendía un producto que no era ni de lejos lo que el cliente necesitaba. Por eso, el departamento de I+D+i era mal visto: obligaba a muchos cambios de producto que ya estaban en cliente.

Por lo visto, ese rumor, vox pópuli, de que la empresa no tenía ni idea de qué estaba vendiendo ni haciendo era todo culpa de I+D+i, que en el supuesto que tuviesen que salir fuera del departamento, como por ejemplo, ir a un congreso, se tenía que hacer bocadillos, pues no se cubrían. Justificar un destornillador podía llevar días.

Claro que los excelentes comerciales sabían bien de elegir hoteles de 4 y 5 estrellas a los que ir, aunque se prefería mantener a los ingenieros (los comerciales muchas veces no tenían ni el bachiller) en hoteles de menor gasto, y además, una vez montado el stand, mandarlos de regreso a casita, que por lo visto igual había que pagarle una cena en el McDonalds, un gasto excesivo (mientras, los comerciales tenían dietas de 70€/día).

En esa tesitura, un día salta una devolución por parte de otra comunidad autónoma, con la prohibición de vender en esa comunidad debido a que un equipo de esta nueva gama no cumplía con los requisitos de seguridad ni con una nueva normativa que había salido.

Por supuesto, se remitió la documentación de homologación que había hecho el Applus al respecto, con lo que esta parte de la queja fue redirigida a dicho ente, cuya función es precisamente respaldar a sus clientes en este tipo de asuntos, no otra. Por eso se envían los productos a homologar a estas empresas: ellas aseguran mediante ensayos, que lo que fabrica la empresa en cuestión cumple con la ley.

Pues bien, el Applus contesta que ellos se lavan las manos, que ellos no se responsabilizan de nada, que la culpa es nuestra, que los hemos engañado a ambos.

Primera pregunta ¿para qué entonces se manda nada a homologar a sitios como el Applus, si luego a la primera de turno te dejan con el culo al aire y se lavan las manos de lo que hacen?¿Tendrá algo que ver con que básicamente son monopolio, cuando en Alemania hay como 200 empresas que hacen lo mismo?

Aunque al principio fue sólo una comunidad autónoma, gobernada por un partido diferente del que estaba en estos momento gobernando la comunidad en la que se fabricaba el producto, se decidió hacer algo muy sofisticado para que el resto de feudos de otros señores medievales no pudiesen dar esquinazo con es ‘misteriosa’ nueva normativa.

Se borró una línea de las instrucciones y del catálogo, se cambió el ‘nombre’ del equipo (en realidad, un número), y listo, se volvió a comercializar, con una nueva homologación, esta vez, en otra empresa diferente, puesto que Applus ya era empresa non grata.

Funcionó, y sigue estando en el mercado a pesar de todo, con un buen ritmo de ventas.

Pero entonces quedaba el asunto de esta nueva normativa que aplicaba sólo para ciertos equipos. Normativa que convertía ciertos productos que por Sanidad, antes sólo se tenían que comprar, instalar, y punto, unos 500€ al principio de inversión en el nuevo negocio y eso era todo, en equipos de 2000€ que además de ser instalados, debían ser revisados cada dos años, además de una vez instalados.

Se llama Metrología Legal, la misma que aplica para balanzas de supermercado, taxímetros y ladrones de luz, perdón, contadores.

La primera parte de esta norma, ahora de nivel europeo, empieza diciendo que el cliente es culpable hasta que el equipo demuestre lo contrario. Y para hacerlo, deben cumplir ciertos requisitos, dependiendo del equipo y su funcionalidad.

En el caso de España, había esa nueva normativa recién aprobada hacia 2006, según la cual estos equipos, sólo para el ámbito español (es decir, nada a nivel europeo), debían cumplir con la normativa de Metrología Legal, además de otras leyes subsidiarias propias de este tipo de producto, siguiendo cierto reglamento técnico desarrollado específicamente para este tipo de producto, y en el cual constaba con bastante detalle el tema de las revisiones bianuales, las reparaciones, la instalación, los detalles del equipo, las multas, quién podía denunciar al propietario, etc.

Después de un par de semanas de estudio detallado de la ley, junto con un par de reuniones con otros compañeros del departamento que también conocían el producto y la ley, se redactó un documento sobre los requisitos que debía cumplir el producto, el proceso de fabricación, y los requerimientos para la empresa para cumplir con todo lo necesario. Además, se planteó la conveniencia de desarrollar un producto nuevo específico más adecuado precisamente para dicha aplicación.

Presenté este documento al nuevo Marqués de dImasDe, y se lo expliqué personalmente. Se puso las manos a la cabeza, me dijo que eso era impensable de cara a producción, y que no teníamos tiempo para hacer un producto nuevo de base.

Así pues, se decidió coger el producto que ya estaba en el mercado, añadirle una pegatina de seguridad encima de la memoria de datos, y hacer un nuevo firmware para el micro, subcontratado. Y el proceso de fabricación y calibración, según lo que el jefe mandaba, ya que el señor se avendría a hacer entrar en razón y negociar con el Applus sobre el cómo se hacen las cosas.

Lo puse todo por escrito, pues donde manda patrón no manda marinero, y lo mando por correo con copia a calidad, producción, ventas y compras, diciendo que se abandonaba mi propuesta, y que, obviamente cambiábamos el plan al nuevo que proponía su excelencia.

Mientras, su señoría el Marqués y el Rey del Mambo (o sea, el gerente), quedan con el Sr Subcontratado para que nos haga el Firmware del producto según lo que ellos, en petit comité, pactaron, y por el precio y plazo estipulados, dejándome a mí de enlace para la faena sucia.

Al acabar esa reunión me llaman los tres, me informan de mis nuevos deberes, y en ese momento el Sr. Subcontratado se aviene a pedir que votemos a su yerno en las próximas elecciones.

A lo cual el Rey del Mambo replica que sin problema, pero que por otro lado, la jefa de contabilidad se presentaba en el municipio de al lado, así que propuso que se intercambiasen los votos.

Al cabo de un mes, se presenta el Sr. Catedrático Sabelotodo del Applus a explicar cómo nos iba a homologar el proceso de fabricación. En la reunión, con la plana mayor y el séquito del reino, expuse al Sr. Catedrático el plan propuesto por el Marqués, poniéndose el primero las manos a la cabeza, negándose rotundamente a aceptarlo, pasando luego, punto por punto, a detallar todos los aros por los que teníamos que pasar, que, casualmente, coincidieron al 100% con los que yo había propuesto por escrito, y sin dar posibilidades de salirse del guión.

Al día siguiente, se constituye un gabinete de crisis, pero justo antes de empezar, el Sr. Subcontratado, al que le faltaba poco para cumplir el plazo, nos da plantón, dice que deja el trabajo, que nos devuelve el dinero, y que nos metamos el proyecto donde nos quepa.

En esas, que mientras se aplaza la reunión para recopilar información, mantengo una conversación con el Sr. Catedrático Sabelotodo, en privado, aprovechando que todavía estaba de inspección, dando órdenes de la nueva sala que teníamos que construir bajo su batuta (¿posiblemente con cierta constructora El Tanto Porciento?).

  • Don Utis (yo): Ese reglamento que se publicó por el BOE me parece tonto. No protege al cliente frente a comida caducada o podrida.

  • Don Catedrático: El espíritu de la ley es que los políticos con esto quedamos cubiertos de la responsabilidad civil subsidiaria, así que el culpable pasa a ser automáticamente el dueño del establecimiento o los técnicos contratados por él, que actúan de mala fe.

  • Don Utis: Pero es que el proceso de fabricación y calibración es exagerado, encareciendo innecesariamente el producto.

  • Don Catedrático: Ni me lo planteé cuando redacté la norma técnica. Pero aún así, es tu problema el demostrarme y convencerme que se puede hacer mejor. Soy todo oídos.

  • Don Utis: Ahora entro en detalles técnicos, pero, ¿ha dicho que redactó Ud. El reglamento técnico?

  • Don Catedrático: Pues claro. Como soy el Catedrático Sableotodo, los políticos, mi familiar, se puso en contacto conmigo a través del jefe de la empresa matriz, para que redactase un reglamento aprovechando mis conocimientos, para que una empresa con conocimiento como la nuestra pudiese decidir quién fabrica qué en España.

  • Don Utis: O sea, que alguien de La Caixa (en aquellos tiempos propietaria del Applus) le ha pedido que hiciese esto, no?

  • Don Catedrático: Por supuesto, es que no hay nadie que sepa tanto sobre la materia como yo, cuyo trabajo es homologar estos equipos. ¿No querrás que la redacten un montón de políticos que no saben nada? Por cierto, para que os pueda permitir fabricar, he visto que algunos productos los mandáis a Alemania a homologar. Eso no puede ser más. TODOS los productos que hagáis, deben ser totalmente homologados por nuestra empresa, sin excepción, y con las normas que nosotros exijamos, de lo contrario, me aseguraré que ninguno de ellos se pueda vender en el mercado.

Al poco, salió una noticia en La Vanguardia, en el que La Caixa condonaba la deuda del partido del ministro de Industria (el Montilla, creo recordar), que justamente es el que poco antes había redactado la ley que obligaba al cumplimiento de este reglamento técnico.

Con esas, entramos en la merienda de negros, perdón, reunión, del gabinete de crisis. Mucha crisis.

  • Sr. Marqués: Don Utis, es Ud. Un inepto que ha propuesto un sistema de producción que no es legal. Debido a ello ahora nos tenemos que comer con patatas el trabajo de estos meses, el sistema de fabricación de la empresa SisTemas de Linea (60.000€, todo gestionado por el Marqués, que ahora lucía un nuevo y flamante A6). Debido a su incompetencia, el Sr. Subcontratado nos ha dejado con el culo al aire y ahora vamos a tener que pagarle más y retrasar más el proyecto.

  • Don Utis: Como puede ver por el correo que pongo sobre la mesa, y que los Sr. Vendo, Compro, Calidad primero, Fabrico pueden constatar, me limité a cumplir SU palabra (escrita), y a seguir con lo que Ud. y Su Majestad pactaron con el Sr. Subcontratado. Es más, como han podido comprobar los Sr. Fabrico y Calidad Primero, los pasos descritos por el Sr. Catedrático son exactamente los míos, y además tengo confirmación por escrito de este último que acepta mis mejoras que recortan el tiempo de producción de 3 días a unas 4 horas con unas condiciones mucho mejores.

  • Sr. Marqués: Ud. me está insultando al poner en entredicho mi autoridad, así que demuestra no saber cuál es su lugar, así que le mando a la cola del paro. En Julio de 2008.

Hacía una semana que había hecho una entrevista de trabajo. En Octubre empecé a trabajar para esta nueva empresa que me la había hecho.

Al poco, muchos de mis compañeros de I+D+i habían abandonado la empresa. Un año más tarde, el Marqués de Ventas había dado un golpe de estado y destituido al Rey del Mambo, usurpando el trono y la corona con la excusa de este fracaso que explico en este relato. Pero el Marqués dImasDe seguía en su sitio, pese a ser la persona peor valorada y menos querida de la empresa por parte de todos (menos por el nuevo Rey).

La empresa sobrevive a base de hacer instalaciones, pero la fabricación, producción y el desarrollo han caído del primer lugar al último, con incluso menos gente que cuando entré yo, y una enorme rotación de personal.

El Applus fue nominado como única empresa acreditada (Notified Body) capaz de decidir quién fabricaba productos en España correspondientes con la normativa allí aplicada. Es decir, monopolio de facto por la misma empresa que ha escrito la ley, que es juez y parte, y que tiene el poder supremo. Una empresa privada, actualmente propiedad de Aguas de Barcelona, que redacta leyes, las hace cumplir, hace negocio con ello, y encima tiene el monopolio.

Es más, tiene una lista de clientes a los que cada dos años va a chupar la sangre, 2000€ del ala por una horita de trabajo. Y si esos clientes no llaman dentro del plazo estipulado, igual lo denuncian, y sacan más tajada.

Mientras, una empresa que tenía I+D+i, ha ido echando a los trabajadores con conocimiento (aunque sea mínimo) sobre los productos, subcontrata ese conocimiento que invariablemente se pierde, a la vez que mantienen y enquistan los incompetentes que la dirigen, premiados hasta el punto que sacan más beneficio de mandar la empresa a la quiebra y que los echen con indemnización que quedándose allí durante décadas.

El conocimiento es considerado como peligroso. Como en la edad media. En esta situación, ¿cómo esperamos que en este país, con esta idiosincrasia, se haga algo de provecho?

¿Quién se va a meter a hacer I+D+i? Si cualquiera que no sepa hacer la o con un canuto se pone de comercial, se pega la vida padre en hoteles de lujo, mientras comparte fotos guarras con sus compañeros, delega el trabajo sucio al tecnicucho de ese departamento innombrable que queda chachipiruli. ¿Para qué estudiar?

Claro, que si uno tiene pasta, puede estudiar, para luego comprarse el título nobiliario de Marquesito d’ESADE, aunque no aprenda nada. Al final, lo que importa es el título nobiliario, y si alguien sabe demasiado, se le echa.

Total, para luego hacer lo que te manda un enchufado al amparo de la ley.

Un saludo desde ningún lugar…

 

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PS.  El hecho de ser un ‘hombre orquesta’ fue muy muy instructivo. Por eso me cogieron en nn: los alemanes se quedaban de una pieza cuando les ponía en evidencia sus diseños infabricables, el porqué, y cómo hacerlo mejor. Lo más curioso, es que en pocas semanas me gané su respeto y todos me consultaban, incluso adoptaron varias de mis propuestas. Una pena que a mi suegro le saliese un tumor cerebral, pero al menos me sirvió de excusa para escaparme de la mega-merienda de negros que había allí: 1000M€ de inversión que se veía a las claras que no era recuperable… Pero eso es otra historia.

 

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Utis (*) Me llamo Nadie, le decía Ulises al monstruo Polifemo.

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One Response

  1. Abadín says:

    Si es que no nos queremos enterar.
    I+D = Improvisación y Desparpajo
    I+D-i = Improvisación y Desparpajo, idiota.

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